Boquerón: Un sueño vuelto en pesadilla

Boquerón: Un sueño vuelto en pesadilla

Por Rafael Emiliano Molina Romero – For English, click here

La comunidad de Boquerón, que queda en la zona minera del Cesar, está enfrentando reubicación involuntaria dado al alto nivel de contaminación del aire por la minería de carbón. Durante el proceso, nuestrxs acompañadxs en Tierra Digna les acompañan en fortalecimiento comunitario y asesoría jurídica. Abajo se presenta una reflexión lírica tratando a los efectos culturales de la minería la comunidad de Boquerón.

Cuentan los lugareños de boquerón, entre ellos Flower Arias Rivera y Zeneida Martínez Molina, que hacen aproximadamente 40 años llegó a ese territorio la Empresa Glencor, con el acompañamiento del señor Carlos Rodríguez, quien traía intención exploratoria de minería. A través del tiempo ese mismo territorio fue invadido por nuevas organizaciones expertas en explotación minera especialmente la del carbón natural, entre estas la denominada Drummund Ltd.

Panorámica del horizonte que amenaza con la noche en Boquerón

En ese momento los habitantes en el pueblo de Boquerón que conservaban las costumbres de vida natural rudimentaria desde la caza, la pesca y el trabajo físico que le prestaban a los finqueros en la manutención del ganado y cultivadores de algodón, arroz, sorgo y otros que en contraprestación recibían el valor de un jornal que justo o no, les alcanzaba para sostener a sus familias.

Estas empresas amparadas en permisos legales que les otorga el gobierno nacional, comenzaron lo que se conoce hoy como la explotación a cielo abierto y subterránea del preciado mineral, y, con el supuesto de que en la zona no había la mano de obra calificada, trajeron a sus servidores, aún lo hacen, que poco o nada de beneficio le han dejado al pueblo, antes por el contrario estos han contribuido con el deterioro de un tejido social que hasta ese momento era sólido, donde la hermandad imperaba, donde lo de uno era de todos, donde el cazador no se comía la presa solo sino que la compartía con su familiar y vecino. Donde las enfermedades las curaban con medicina natural, plantas, de las que producían baños y bebidas (pócimas), emplastos, rezos que aplicaban los curanderos desde las ponsoñadas de ciempiés, arañas y alacranes hasta la mordedura de serpientes, donde las mujeres parían con el acompañamiento de comadronas o parteras, bueno de la comadrona o partera porque al parecer solo había una que era la que ejercía ese oficio con gran categoría, ella era mamá DIONISIA ALBERTA MENDOZA MEZA.

Tucuy

El cauce seco del Río Tucuy en contraste a sus abundantes aguas cristalinas de otrora

Es allí donde todo era de todos, donde el cazador compartía la presa con el familiar y vecino, donde el producto de pan coger además del trueque estaba a la disposición del necesitado, donde los usos y costumbres, es decir, la cultura vernácula y la heredada se ponía en práctica sin reparos ni perendengue, donde las colitas (bailes) o parrandas eran sanos jolgorios, de pronto unas trompaditas a causa del barato cuando la pareja se negaba o el parejo se oponía, pero sin perder la amistad porque el valor a la vida era una constante. Donde se respetaba al mayor no sólo los padres también a las demás personas, donde se guardaba el luto con rigor y el rezo de los nueve días hasta levantar la tumba, donde los compadres se hacían por muñecas (muñequeo), donde los niños amortiguaban el hambre con frutas de los sabanales, donde se cocinaba con leña y tacones, donde se comía con cuchara de palo (totumo), donde la comida no era contaminado, refrigerada ni enlatada era al natural (viuda, sancocho, guiso, etc.).

Hoy todo este referente ha quedado allá, justamente en el recuerdo-nostalgia-, porque desafortunadamente nada es perenne y mucho menos cuando la tierra, alguna tierra, ha sido privilegiada por la naturaleza para el enriquecimiento de unos pocos y el empobrecimiento de muchos.

Dicen algunos habitantes mayores que cuando esto sucedió, o sea, cuando llegaron las empresas mineras a este territorio sintieron un aliento de esperanza y lo que en ese momento consideraron bendición, hoy es una paradoja, es maldición, quizás no en todo el sentido de la palabra, es tal vez porque no ha llenado las expectativas que se esperaba para una mejor calidad de vida en los habitantes del boquerón soñado.

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