“El cese al fuego se rompió mientras estábamos saltando lazo” 

Jun 5, 2015 | Displacement and Land Issues, Our Partners, Peace and Nonviolence, War and Conflict

Por Adilah Nasir, acompañante internacional de FOR Presente por la Paz.

Como miembros del equipo de Urabá de FOR Presente por la Paz, Nikki y yo acompañamos hace poco a varias personas de la Comunidad de Paz de San José de Apartadó en Mulatos, una vereda en la cual habitantes de la Comunidad viven y trabajan.

Mulatos Accompaniment

Mientras mi mula andaba difícilmente en el camino pantanoso que debía llevarnos hacia La Aldea de Paz de la Comunidad (construida en memoria a Luis Eduardo Guerra, un líder de la Comunidad que fue asesinado en la masacre de 2005 junto con su compañera y su hijo), no dejaba de estar distraída por la vista panorámica que se ofrecía a mi. El camino hacia la Aldea empieza a abrirse a través de un río límpido y cristalino pero sigue costa arriba con un paisaje más terrenal, impregnado por la temporada lluviosa de abril. Pronto, nos encontramos rodeadas por un bosque abundante que casi nos hizo olvidar que estábamos en la cima de una montaña. Sólo no los recordó la vista asombrosa de los valles en los alrededores, con su color verde profundo y su neblina dando un aspecto surrealista a este entorno.

Mulatos Accompaniment Esta impresión mística del viaje hubiera podido hacer caer cualquier persona en una falsa impresión de seguridad, aunque en nuestro caso no ocurrió tal engaño. En una parte del camino, nuestro equipo y la Comunidad pasaron por una cantidad significativa de campamentos de soldados, con sus carpas instaladas en ambos lados de la trocha. Ya estábamos advertidas de su presencia en días anteriores al acompañamiento, así como del incremento general de militares y policías en la zona.

Además, a pesar del acuerdo logrado en La Habana sobre el desminado que tenía que empezar en Antioquia, quedamos preocupadas por las minas. Hace unas semanas, un policía pisó accidentalmente una mina cerca de Mulatos. En los alrededores, la presencia intensificada de grupos armados y operaciones de las Fuerzas Públicas han causado varios desplazamientos forzados de civiles.

Eso es la realidad de la cotidianidad de los civiles aquí en Mulatos y otras veredas cercanas, que viven en la preocupación permanente a pesar de esta fachada de paraíso que tienen delante de ellxs.

Hace algunas semanas, operaciones de las Fuerzas Públicas colombianas se concentraron en Mulatos y sus alrededores, con helicópteros sobrevolando la zona. Dos veces, un helicóptero desembarcó tropas directamente en la cancha de fútbol perteneciendo a la Aldea de Paz de la Comunidad, a algunos metros de un kiosco que la Comunidad ha sido utilizando como escuela para los niñxs.Mulatos Accompaniment

Eso puede traer los combates más cerca de las áreas pobladas por los civiles de la Comunidad, y no coincide con las medidas de protección que la Corte Interamericana de Derechos Humanos otorgó a la Comunidad.

La militarización y la intensificación de las operaciones en la zona reflejan la focalización de las Fuerzas Públicas en contra de no sólo uno sino de varios grupos armados. En el último mes, el Ejército ha acusado civiles de Mulatos de apoyar el reclutamiento de menores por las FARC. Operativos de la Policía Nacional ocurren también en la zona desde febrero bajo el nombre de Toma Masiva de Urabá (una operación de 60 días contra el Clan Úsuga, un grupo paramilitar local) que sigue vigente después de la expiración de los 60 días, bajo el nombre de Operación Agamenón.

Aparte de eso, la reactivación de los bombardeos aéreos por parte del gobierno y la tensión entre las FARC y el Ejército desde la mitad de abril a pesar del cese al fuego unilateral resultan preocupantes. Todos esos elementos juntados traen riesgos altos de desplazamientos y civiles heridxs.

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Llegando a la Aldea de Paz de Mulatos, cuyos perímetros están marcados por vallas y símbolos de la Comunidad, escuchamos gritos de los niñxs saludándonos y abrazándonos inmediatamente, sin ni siquiera conocer mi nombre (Nikki había estado ya varias veces antes). Fue un momento bonito que me procuró una sensación de amor y cariño.

Este momento pudiera explicar perfectamente los saltos de humor que viví, las sensaciones que tuve a lo largo del acompañamiento cuando estábamos hospedadas por la Comunidad en sus propias casas y cuando les seguimos en su trabajo comunitario semanal.

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Después de bañarnos y lavar nuestra ropa abajo en el río, mientras regresábamos arriba para el almuerzo, fuimos de nuevo recordadas a la cercanía de los actores armados. El tráfico aéreo constante fue una preocupación constante para nosotras y los civiles, por el riesgo que la posible proximidad de combates podía significar por los civiles y las propiedades de la Comunidad.

A propósito, temprano por la mañana, mientras el sueño todavía nos ataba a las hamacas, fuimos despertadas por el sonido de disparos seguidos de tiros aéreos desde helicópteros, signos de un combate ocurriendo en los alrededores inmediatos de la zona. Sin embargo, la Comunidad siguió con su trabajo comunitario, consistiendo esta semana en limpiar bosques de sus propiedades. Ese día en particular, chistes y risas fueron cubiertas por el tráfico aéreo constante. Nos confirmaron más tarde que ocurrió un combate en espacios civiles y la Comunidad nos pidió acompañarles para averiguar la situación.

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Más adelante en la semana, mientras estábamos saltando lazo con los niños, salió la noticia de que las FARC habían decidido suspender el cese al fuego unilateral dado la reactivación de los bombardeos aéreos contra ellxs.

Entre los momentos cotidianos de simple felicidad, visitando a miembros de la Comunidad y observando sus vidas y trabajo en el día a día, el acompañamiento junto con el fin del cese al fuego nos dejaron con un pensamiento aleccionador. Mientras es pertinente que el proceso de paz siga adelante y que las negociaciones avancen, la militarización incrementada lleva combates potenciales más cerca de los civiles y puede ponerlos en riesgos más altos en cuanto a minas.

Si se quiere realmente avanzar hacia la paz, el respeto y la ausencia de violencia hacia los civiles, cuyos intereses tienen sólo que ver con seguir viviendo y trabajando, deben ser una prioridad, junto con la protección de sus derechos.