“La resistencia al conflicto armado nos forzó a pensar en la autosuficiencia”

Perspectives on Peace: Dispatches from San José de Apartadó, Colombia

Para la versión en español haz click aquí.

The following article written by the FORPP accompaniers Laetitia Sengseis and Adilah Nasir, was originally published on NACLA, on November 20, 2015. Reprinted with permission.

“We would know peace has arrived when those displaced are no longer scared to return to the countryside.”

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A FOR Peace Presence accompanier in Arenas Bajas, one of the townships of the Peace Community that has faced paramilitary threats

On September 23rd, members of the Peace Community of San José de Apartadó and a group of international accompaniers from For Peace Presence (FORPP) gathered after a long day of work in the mountains of Urabá. Together, they sat and listened to a historic announcement: the government of Colombia and the Revolutionary Armed Forces of Colombia (FARC) delegation in Havana had reached a tentative agreement on a peace accord, expected to be signed in the next six months. According to the terms of the agreement, the FARC insurgency will lay down their weapons and demobilize in the 60 days following the signing of the peace accord.


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Perspectivas sobre la paz: impresiones desde San José de Apartadó

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El siguiente artículo, escrito por las acompañantes internacionales de FORPP Laetitia Sengseis y Adilah Nasir, fue originalmente publicado en NACLA, el 20 November de 2015. Reproducido con permiso.

Sabremos que la paz ha llegado cuando lxs desplazadxs ya no estén asustadxs por regresar al campo”

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Acompañante internacional de FORPP en Arenas Bajas, una de las veredas de la Comunida de Paz que enfrenta amenazas por paramilitares

El 23 de septiembre miembros de la Comunidad de Paz de San José de Apartadó y acompañantes internacionales de FOR Presente por la Paz (FORPP) se reunieron después de un largo día de trabajo en las montañas de Urabá. Se sentaron juntxs para escuchar el anuncio del gobierno colombiano y de las FARC sobre la probable firma de un acuerdo de paz en los próximos seis meses. Según los términos de este acuerdo, las FARC tendrán que abandonar las armas y desmovilizarse dentro de los 60 días siguiendo los acuerdos de paz.

Este anuncio aborda uno de los aspectos más difíciles de la implementación de los acuerdos de paz en Colombia – la justicia. Según los términos de la propuesta, se crea un cuerpo judicial temporal, la Jurisdicción Especial para la Paz, encargada de establecer una graduación de las penas por los que confesarán sus crímenes, dependiendo de la gravedad de los crímenes cometidos. A la excepción de los que cometieron crímenes de lesa humanidad y otros crímenes de guerra, los que confesarán inmediatamente podrán acceder a sanciones alternativas, tal como un trabajo comunitario supervisado. Lxs que reconocerán su responsabilidad más tarde se enfrentarán a una pena de cinco hasta ocho años de cárcel, mientras que lxs que negarán su responsabilidad y serán condenadxs más adelante tendrán que pasar hasta veinte años encarceladxs. Se otorgará la amnistía más amplia posible para delitos políticos y conexos, a pesar de que no se ha revelado todavía los detalles de la naturaleza de esos crímenes.

En el pasado, Colombia ha pasado por varios procesos fallidos de paz pero las negociaciones actuales entre el gobierno y las FARC han avanzado más que cualquier otro intento para poner un fin a los más de 50 años de la insurgencia armada de las FARC. Con este avance considerable, básicamente cuatro de los seis puntos de la agenda de las negociaciones ya fueron acordados después de tres años de debate: incluyendo un acuerdo sobre política de desarrollo agrario integral, la participación política después de la desmobilización de las FARC, una solución al problema de las drogas ilícitas y el acuerdo sobre justicia transicional. Sin embargo esos puntos serán solo definitivos e implementados cuando el Acuerdo Final sea firmado. Además todavía quedan pendientes acuerdos completos sobre la reparación de las víctimas y el fin de conflicto, incluyendo el punto de la implementación, verificación y refrendación del Acuerdo Final.

Los comentarios que escuchamos de lxs ciudadanxs colombianxs que viven en una de las zonas más rurales y militarizadas del país, particularmente afectada por este largo conflicto interno, reflejan un optimismo cauteloso. Desde la mesa de negociación en La Habana hasta Bogotá y la zona rural de San José de Apartadó, las perspectivas sobre la paz varían mucho.

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La Comunidad de Paz de San José de Apartadó, situada en el Norte del Urabá, Antioquia, se creó en 1997 en respuesta a la escalada de violencia que obligó a las familias del corregimiento de San José de Apartadó a huir ante las amenazas de las FARC pero también de los grupos paramilitares que actuaban a menudo en colaboración con el Ejército colombiano en la zona. La comunidad empezó a organizarse, denunciando el uso de armas dentro de sus territorios y se comprometió a diferentes principios, incluyendo la realización del trabajo comunitario, la prohibición del alcohol y de la producción de cultivos ilícitos para sus miembros.

La comunidad se negó también a brindar ayuda e información a los actores armados. Desde 2000, la Comunidad de Paz está protegida por medidas provisionales de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). Sin embargo la Comunidad de San José de Apartadó y civiles de la zona siguen siendo testigxs y víctimas de la violencia perpetrada por actores armados legales e ilegales. También han sido amenazadxs y estigmatizadxs por parte de las fuerzas militares. Cuando la Comunidad de Paz se organizó para buscar reconciliación con el gobierno, vieron a algunos de sus líderes ser asesinados en violentas masacres perpetradas por paramilitares. En 2000, por ejemplo, seis líderes comunitarios fueron asesinados en La Unión después de una incursión paramilitar y en 2005 otro líder de la Comunidad fue brutalmente ejecutado junto con su familia.

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Un rótulo, mostrando los principios de la Comunidad de Paz de San José de Apartadó

La Comunidad de Paz de San José de Apartadó tiene razones evidentes de celebrar la posible terminación del conflicto armado que ha durado más de 50 años, sacrificando las vidas de varios de sus familiares y líderes, y forzándoles a desplazarse múltiples veces durante las últimas décadas. Teniendo en cuenta la historia y la lucha de la Comunidad por sus tierras, nada hubiera podido ser más importante que acabar con el conflicto armado interno. La Comunidad de Paz ha propuesto dentro de las negociaciones de paz que se crearán zonas humanitarias que ambas partes tendrán que respetar. Sin embargo persisten algunas preocupaciones en cuanto a la implementación de los acuerdos de paz y de sus repercusiones potenciales sobre el territorio de la Comunidad de Paz que es la fuente de vida. ¿Cómo sería un escenario post-acuerdo para la Comunidad? ¿Cómo la sociedad civil ratificará el acuerdo? ¿Y qué significará la paz para lxs civiles que han vivido durante años en medio de las zonas de conflicto como Urabá?

En Urabá, las amenazas de los actores armados, incluyendo el Ejército Nacional, organizaciones paramilitares y guerrillas, han impactado en las vidas de lxs campesinxs durante años. La desmovilización oficial del grupo paramilitar de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) en 2006 no eliminó de manera definitiva las estructuras paramilitares. Hoy en día conflictos frecuentes siguen entre la Policía Nacional, el Ejército Nacional, las FARC y los Urabeños, un grupo paramilitar que opera en muchas partes de la región. En los últimos dos años, las autoridades colombianas y los medios de comunicación han señalado colaboraciones de las FARC y de los grupos paramilitares en el comercio de la cocaína. Esas acusaciones reaparecieron en junio pasado cuando correos electrónicos fueron interceptados por autoridades colombianas y revelaron la relación cercana entre las FARC y los líderes de los Urabeños.

A pesar de las repetidas denuncias de la presencia y amenazas de los paramilitares, y sus vínculos que entretienen con políticos y militares locales, el gobierno sigue negando su existencia y sus relaciones con las AUC, y reconoce solamente la actuación de bandas criminales (bacrim) involucradas en el narcotráfico.

Sin mecanismos efectivos y oportunidades para garantizar la desmovilización de todos los actores armados, la desmovilización de las FARC podría llevar a un incremento del poder de los grupos paramilitares. Esos grupos están listos para llenar el vacío de poder que las FARC van a dejar desmovilizándose. Podría también ser la ocasión para miembros de las FARC de juntarse a las filas de los grupos paramilitares o formar nuevos grupos armados en la región.

En Urabá como en otras partes del país desde octubre, se ha evidenciado un aumento de la presencia paramilitar en territorios tradicionalmente controlados por las FARC después del cese al fuego unilateral declarado por las FARC. En la madrugada del pasado 11 de noviembre por ejemplo, el grupo paramilitar de las Autodefensas Gaitanistas de Colombia entraron en San Josecito, uno de los mayores asentamientos de la Comunidad de Paz y dejaron pasquines delante de las puertas de unos de sus miembros. Esta situación es problemática no solamente porque la Comunidad de Paz prohíbe la entrada en sus territorios a todos los actores armados sino también porque incursiones similares habían sido reportadas en varios otros asentamientos como Mulatos, Arenas Altas, Arenas Bajas y La Esperanza. Además noticias han circulado que paramilitares tienen listas negras amenazando de muerte a civiles viviendo en la zona.

Habitantes aterrorizadxs de varios asentamientos de la zona han empezado a huir ante el incremento de la presencia paramilitar. Según un censo de la Defensoría del Pueblo, a partir del primero de noviembre pasado, más de 40 familias han sido desplazadas temporalmente al asentamiento de La Esperanza. Con el acercamiento de la firma de un acuerdo de paz la presencia intensificada de paramilitares es preocupante, especialmente porque hasta ahora en las negociaciones de paz no se ha tratado el tema sobre si y como desmantelar a las estructuras paramilitares del país, a pesar de la insistencia de la delegación de las FARC para abordarlo.

Aparte del posible impacto de un vacío de poder llenado por los paramilitares y la permanencia del comercio ilegal tal como el narcotráfico, el acuerdo de paz conllevaría también a un aumento del control estatal sobre territorios anteriormente controlados por las FARC. Enseguida implicaría un incremento de las inversiones y desarrollo de infraestructura– algo que ya está visible en Urabá donde se construyen nuevas carreteras y proyectos de electrificación han iniciado. Mejoramientos en la infraestructura y la seguridad probablemente atraerían inversiones extranjeras y nacionales, incluyendo la explotación de las tierras particularmente fértiles en la región, yacimientos de minerales y gas, agua y madera de teca. Tales aspiraciones presentan nuevas amenazas para lxs campesinxs, cuya mayoría depende de las tierras y del agua de la zona para su subsistencia. Dada la historia violenta de la zona en cuanto a desplazamiento forzado vinculados con proyectos agro-industriales de gran escala promocionados por el gobierno o empresas nacionales e internacionales, e implementados en coordinación con los grupos militares o paramilitares, los peligros vinculados a esos proyectos económicos despiertan el trauma vivido por la población campesina de Urabá.

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Para la Comunidad de Paz de San José de Apartadó, la paz es mucho más que el fin del conflicto armado; representa la posibilidad de lxs campesinxs para trabajar sus tierras de manera autosuficiente. Como un miembro de la Comunidad de Paz nos explicó que cuando la gente de la región había sido desplazada muchxs se fueron para la ciudad. “Se fueron no porque había más oportunidades en las ciudades sino que por miedo a la violencia de los grupos armados.” Según su opinión la Comunidad sabrá que habrá paz cuando lxs desplazadxs ya no estén asustadxs por regresar al campo y trabajar sus tierras.”

La implementación de un futuro acuerdo de paz en una región que ha vivido décadas de conflicto necesitará una voluntad política significante y garantías de buena fe por ambas partes firmantes. La historia brinda ejemplos de los caminos equivocados escogidos en el pasado. Para la Comunidad de Paz de San José de Apartadó la implementación de esos acuerdos siempre ha sido difícil en la práctica. Confianza y reconciliación no se pueden esperar de la noche a la mañana. Dadas las actuales amenazas que la Comunidad enfrenta es entendible que lxs habitantes de San José de Apartadó siguen abordando la esperanza de un futuro acuerdo con cuidado.

 

 

FOR Peace Presence October Monthly Update

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Map to reconstruct how the communities of Nilo looked like before the military base was set up.

On the first of the month, Sophie and Julia traveled from Bogotá to the municipality of Nilo in southern Cundinamarca, where they spent the day with community leaders discussing the numerous challenges they continue to confront on a daily basis as a result of the Tolemaida Military Base. The team also learned about the mechanisms the community members use for resolving violations of their rights.


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“The resistance to the armed conflict forced us to think about self-sufficiency”

Para la versión en español haz click aquí.

The following article written by the FORPP accompanier Sophie Duval, was originally published on Upside Down World, on November 25, 2015. Reprinted with permission.

P1070508I began my accompaniment of the Peace Community in San José de Apartadó (CdP) with FOR Presence for Peace on July 20th, 2015, the first day of a new unilateral ceasefire declared by the FARC, with the promise of a possible de-escalation of the armed conflict. That same day, we accompanied children from a school in the CdP to visit an agro-ecological farm, a symbol of the fight for self-sufficiency that they have within the CdP. Through the farmers, who told me the history of the creation of the CdP and its development, I learned how the armed conflict and self-sufficiency are entangled in one another as part of the struggle of this community from Urabá antioqueño.


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“La resistencia al conflicto armado nos forzó a pensar en la autosuficiencia”

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El siguiente artículo, escrito por la acompañante internacional de FORPP Sophie Duval, fue originalmente publicado en Upside Down World, el 25 November de 2015. Reproducido con permiso.

P1070508Empecé a acompañar a la Comunidad de Paz de San José de Apartadó (CdP) con FOR Presente por la Paz (FORPP) el 20 de julio de 2015, día del inicio de un nuevo cese al fuego unilateral declarado por las FARC, con la promesa de un posible desescalamiento del conflicto armado. Ese mismo día, acompañamos a niñxs de una escuela de la CdP a visitar una finca agroecológica, símbolo de la lucha por la autosuficiencia que se ha dado dentro de la misma CdP. Al lado de lxs campesinxs que me contaron la historia de la creación de la CdP y su evolución, aprendí cómo conflicto armado y autosuficiencia se interrelacionaron en el marco de la lucha de esta comunidad del Urabá antioqueño.


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