De- o re-militarización en Colombia después de los acuerdos de paz?

De- o re-militarización en Colombia después de los acuerdos de paz?

For the English version, click hereEste artículo fue publicado originalmente por NACLA.

Un acuerdo entre las guerrillas y el Estado colombiano no significa el fin de la militarización en Colombia.

John Lindsay-Poland and Arlene B. Tickner

fuerzas comandas op colombia

Equipos de 17 naciones durante la ceremonia de apertura de la competencia de la Fuerza Comando 2014 en Fortaleza Tolemaida, Colombia (Foto del Centro de Operaciones de Manejo de Imágenes de la Defensa)

El siguiente artículo es una versión adaptada de una parte del webinar público, realizado en abril de 2016 sobre la militarización en Colombia del “post-conflicto”. El evento fue promovido por NACLA, FOR Presente por la Paz y el Comité de Servicio de los Amigos (AFSC).

La fecha límite del 23 de marzo para alcanzar el acuerdo final de paz entre el gobierno colombiano y las FARC se acercó y pasó, aunque ambas partes siguen siendo optimistas de que lograrán un acuerdo completo. Lxs negociadores están trabajando principalmente en temas como la desmovilización, decidiendo dónde se concentrarán las fuerzas guerrilleras adentro de Colombia y bajo qué condiciones se realizará esa concentración.

Adicionalmente, el 30 de marzo de 2016, el segundo grupo guerrillero más grande de Colombia, el Ejército de Liberación Nacional (ELN) anunció que también está entrando en negociaciones formales con el gobierno colombiano. Son buenas noticias, dado que el conflicto armado con ambos ejércitos guerrilleros ha generado millones de víctimas, un incremento en abusos de derechos humanos y en un desplazamiento amplio y la perturbación de las vidas de lxs Colombianxs por décadas.

Sin embargo, un acuerdo entre la guerrilla y el Estado colombiano no significa que se ponga fin a la militarización en Colombia, asunto que ya se está manifestando. Mientras que el número de combates violentos disminuyó drásticamente en los últimos cuatro años, ha incrementdo el número de activistas colombianxs amenazadxs, principalmente por grupos paramilitares. En un período de 30 días entre febrero y marzo, 30 personas fueron asesinadas por paramilitares, incluyendo líderes y activistas sociales, entre ellxs muchos de comunidades afro-colombianas e indígenas.

Paz y Militarismo

En los últimos 15 años el Ejército colombiano experimentó un crecimiento continúo: hoy en día el Ejército y la Policía Nacional en su conjunto tienen casi 500.000 miembros. Es la segunda mayor fuerza de seguridad en América Latina después de Brasil, con más de 100 batallones de contraguerrilla, cada uno de los cuales contiene acerca de 500 soldados profesionales. Se desmovilizarán también los 50.000 soldados de batallones de contraguerrilla como parte del proceso de paz? Esto sigue siendo una pregunta sin respuesta y en la actualidad parece que el futuro de las Fuerzas Armadas y de la Policía se determinará por la dirección política del próximo presidente de Colombia, que tomará poder en 2018, después de que dichos acuerdos se habrán puesto en vigencia. Los Estados Unidos todavía mantienen un papel importante en cuanto a la financiación y al entrenamiento de las Fuerzas Armadas de Colombia y parece que la financiación militar desde los EEUU continuará en el contexto post-acuerdo de Colombia. El respaldo militar y policial de los EEUU a Colombia ha aumentado de manera constante desde los finales de 1990, precediendo el Plan Colombia, que empezó en el año 2000.

Data compiled by John Lindsay-Poland

Datos recopilados por John Lindsay-Poland

Como lo demuestran los datos anteriores, la asistencia militar y policial no alcanzó el máximo hasta mediados de la década de 2000, cuando comenzó a dirigirse a las operaciones de contra insurgencia, además de su misión de lucha contra las drogas. Después de que los Demócratas tomaron el control del Congreso de EEUU en 2007- y el Ejército de Colombia consolidó su ventaja estratégica frente a las guerrillas- la financiación finalmente comenzó a reducirse. Sin embargo, esta cifra es parcialmente falsa, dado que la venta de armas y equipo militar de Estados Unidos a Colombia se ha incrementado dramáticamente desde mediados de la década de los 2000.

Cuando se combinan estas cifras con las cifras de asistencia militar y policial, es evidente que la participación de EEUU en la militarización de Colombia se mantiene en su punto más alto, al menos cuando se miden las ventas de armas y las transferencias militares. Hoy en día, Colombia posee la cuarta mayor flota Blackhawk en el mundo y la más grande de América Latina, con más de 100 helicópteros Blackhawk. Recientemente Colombia también ha comprado tanques a Canadá que se han desplegado cerca de la frontera con Venezuela en el departamento de La Guajira.

Adicionalmente el más reciente paquete de asistencia militar y policial que el gobierno de Obama presentó al Congreso en febrero del año 2016 incluye un aumento de la asistencia militar a Colombia en general. En su solicitud de presupuesto de 2017, la Casa Blanca está proponiendo la financiación militar más alta en la lucha contra las drogas para Colombia desde 2011. Incluye financiación para las operaciones de desminado, las cuales han aumentado drasticamente. Es probable que se incrementarán las operaciones de desminado de las Fuerzas Armadas de Colombia y también las zonas de concentración donde se ubicarán las guerrillas. Parece una buena idea, ya que el Ejército es el organismo responsable de las operaciones de desminado en Colombia, que tiene los números más altos de víctimas por minas abandonadas en la tierra. Además, el hecho de que la misión internacional a cargo de proteger las zonas de desmovilización de las FARC no será armada, es probable que los militares colombianos se encargarán de esta misión también.

Sin embargo, no está previsto que las Fuerzas Armadas de Colombia se sometan a una reducción del pie de fuerza, a pesar de los acuerdos de paz. El año pasado, el entonces Ministro de Defensa de Colombia, Juan Carlos Pinzón, así como el actual comandante de las Fuerzas Armadas de Colombia lo dijeron públicamente. No está claro si Pinzón tenía que hacer una declaración por razones políticas, ya que el Ejército colombiano probablemente no se sometería a un proceso de paz que provocará su propia reducción. Hay que tomar en cuenta que la reducción de personal y el reajuste de las Fuerzas Armadas ha sido inevitable en cada experiencia post-conflicto en el mundo.

El militarismo se hace global

Un escenario posible es que en vez de disminuir su número, los militares colombianos simplemente ampliarán su presencia en nuevas misiones, las cuales no serán de contra-insurgencia. Esto podría incluir operaciones de la ONU, así como misiones de entrenamiento militar en países terceros. Los militares de Colombia ya han participado en la misión de la península del Sinaí durante más de 30 años (por los acuerdos entre Egipto e Israel), así como en otras misiones de la ONU. Las Fuerzas Armadas también han participado en operaciones contra las drogas en Colombia. Aquellas eran parte central del Plan Colombia, en el cual Washington y Colombia unieron las operaciones de contra-insurgencia con anti-narcóticos por el hecho de que las FARC están involucradas en el tráfico de cocaína.

Con el aumento de la inversión internacional en el contexto de post-acuerdo en Colombia, lo más probable es que el Ejército firmará nuevos convenios con corporaciones internacionales para vigilar y proteger la infraestructura de los inversionistas. La vigilancia de dicha infraestructura tiene una larga historia, y ya constituye una misión importante de los militares colombianos. Es probable que los convenios con compañías transnacionales, incluyendo las empresas mineras, solamente crecerán a medida que crecerán las industrias extractivas y los militares buscando nuevos ingresos y misiones.

Facilitar formación en seguridad se ha convertido en una de las principales estrategias para Colombia para posicionarse en la región, así como un aspecto clave de la política de seguridad de EEUU, especialmente en América Central y el Caribe. Los gobiernos de Colombia y de Estados Unidos han estado trabajando para construir capacidades de la Policía y las instituciones en América Central, que también están luchando contra las organizaciones criminales relacionadas con el tráfico de drogas. Esta práctica comenzó varios años después de que Plan Colombia entró en vigor. Era cuando Colombia comenzó a ser visto no como un estado fallido en guerra, sino como una “historia de éxito” a pesar de la violencia continua.

A mediados de la década de 2000 el Estado de Colombia, en conjunto con el gobierno de EEUU, comenzó a vender la idea de que el país había comenzado a superar su crisis de seguridad. Estadísticas revelando tasas más bajas de secuestros, homicidios, y cocaína interceptada en corto tiempo después del lanzamiento del Plan Colombia llevaron a solicitudes de capacitación por Colombia y asistencia relacionada en gran medida a las drogas, el crimen organizado, la insurgencia armada y el secuestro. Cuando Juan Manuel Santos asumió el cargo de presidente en 2010, lanzó la cooperación de seguridad internacional como estrategia clave de su política exterior. En 2012, como resultado de este interés, los gobiernos de Santos y Obama anunciaron la creación de un diálogo de seguridad de alto nivel, en el cual la cooperación policial y militar en terceros países se convirtió en (y sigue siendo hoy en día) un área clave.

Además de dar prioridad a ciertas zonas de América Latina, los dos gobiernos también acordaron estudiar la posibilidad de cooperar en áreas como África Occidental, que se ha convertido en un punto de tránsito clave en el tráfico de drogas para la cocaína que sale de Colombia, Venezuela y Brasil y entra a Europa. Hay un grupo bilateral de Coordinación de Cooperación de Seguridad que vincula los delegados de los dos países – entre ellos el subsecretario de Estado de EEUU encargado de “Asuntos internacionales de narcóticos y aplicación de la ley“ y el Viceministro colombiano de Defensa – para desarrollar un Plan de Acción Anual sobre la Cooperación en Seguridad Regional. En 2013, este plan incluyó 39 ejercicios de entrenamiento conjunto en El Salvador, Guatemala, Honduras y Panamá. Subió a 152 en 2014 y creció incluyendo hoy el día Costa Rica y la República Dominicana. En 2015 volvió a crecer a 205 actividades y se supone que llegará a más de 300 en 2017. El aumento continuo parece muy probable.

En particular, esta asistencia opera a través de la Embajada de Estados Unidos en Bogotá, que cuenta con una División de Coordinación Internacional ubicado dentro de la Oficina Internacional de Narcóticos y Aplicación de la Ley (INL por sus siglas en inglés), que actúa como enlace entre los gobiernos de Colombia y extranjeros que buscan la ayuda de Estados Unidos y Colombia en el área de seguridad. Esta división cuenta sólo con un presupuesto alrededor de $ 1 millón por año para mejorar las capacidades de la Policía colombiana para brindar capacitación.

Aproximadamente el 80% de la formación en países terceros está proporcionada por la Policía de Colombia, bajo la supervisión de la INL, mientras que el SOUTHCOM (Comando Sur de los EE.UU.) es responsable de apoyar la formación proporcionada por los militares colombianos. En ambos casos, los Estados Unidos provee viajes y otros gastos, mientras que Colombia paga los salarios de los entrenadores colombianos que serán trasladados al extranjero. Los EEUU supervisan estas actividades, pero ha habido poca evaluación del programa hasta la fecha, por lo que es muy difícil percibir los impactos positivos y negativos de la formación, y si las malas prácticas de las Fuerzas Armadas de Colombia están siendo transferidas a otros países en la región.

En general, se estima que entre el 50% y el 70% de la formación realizada por Colombia en las Américas es en cooperación con Washington. Está muy enfocada en países específicos que han sido prioridades por los Estados Unidos y Colombia. En 2014, por ejemplo, Honduras fue el principal receptor de la formación, seguido por Panamá, República Dominicana y Ecuador, el último de los cuales no recibió entrenamiento supervisado por los EEUU, sino que se involucró más bien en la cooperación “Sur-Sur” directamente con el Estado de Colombia.

En la actualidad, es imposible predecir con exactitud cuantos ejercicios de entrenamiento de seguridad de Colombia se coordinan con Estados Unidos y cuánto pertenecen a la cooperación “Sur-Sur”. En general, se estima que entre el 50% y el 70% de la formación a Colombia realizada en las Américas es en cooperación con Washington. En muchos países, los dos tipos de cooperación se efectúan al mismo tiempo; la cooperación triangular-EEUU podría estar sucediendo en países como Honduras, mientras que al mismo tiempo el Estado colombiano ofrece la cooperación Sur-Sur al mismo país. Parece ser el caso que los programas financiados por la cooperación triangular-EEUU. Pasan por niveles más altos de control y seguimiento que los cuales apoyados con fondos colombianos llevados a cabo como cooperación “Sur-Sur”.

A pesar del discurso oficial sobre el “éxito” de formación en seguridad de Colombia en países terceros, muy poca información relacionada con estos programas de cooperación es pública. Según la documentación presentada por el Departamento de Estado y el Departamento de Defensa bajo el Decreto de Libre Acceso a Información, en 2014 los Estados Unidos apoyaron la capacitación colombiana de 6.526 policías y soldados de diez países en el hemisferio occidental, más de cinco veces la cantidad prevista en el 2013. Sin embargo, el gobierno de Colombia dice que se ha brindado capacitación a sólo 5.714 miembros de las fuerzas de seguridad de países terceros.

Esta discrepancia, reflejando en gran medida la falta de datos precisos en ambos países, muestra una de las dificultades en cuanto a la supervisión de la cooperación de seguridad de Colombia con EEUU. Además de no saber exactamente cuántos miembros de seguridad extranjeros están siendo entrenados en América Latina y en todo el mundo, estas actividades han caído en gran parte bajo el radar de los actores de la sociedad civil en Colombia, México, América Central y Ecuador. Tampoco está claro cuáles son los contenidos que los Colombianos están enseñando, y cuáles podrían ser las consecuencias reales de la formación. Esto plantea una gran inquietud sobre consecuencias para los derechos humanos y la corrupción, y muestra cómo la militarización en Colombia con la participación de EEUU se ha vuelto en gran medida normalizada.


Ahora estamos entrando en un período en que
el nivel de conflicto entre el Estado colombiano y las guerrillas sigue disminuyendo. El número de combates se ha reducido y un acuerdo unilateral de cese al fuego entró en vigor. Sin embargo el nivel de asistencia militar, al menos sí incluye las ventas de armas, ha crecido y el poder y la participación de los militares colombianos, tanto en el país como en el extranjero, sólo parece aumentar. Hay una necesidad para estudiar más las implicaciones de formación dirigida por Colombia así que la formación policial y militar con la participación de los EEUU en particular. ¿En qué medida los colombianos están buscando la cooperación de seguridad hacia el exterior como un medio para encontrar algún tipo de función por los recursos y experiencia que tienen menos relevancia en su propio país? Si no se controla la militarización dentro y fuera de Colombia, podría volverse más institucionalizada en los próximos años, con los EEUU como garante a largo plazo.

John Lindsay-Poland es Coordinador de Paz del Comité de Servicio de Amigos Americanos en San Francisco y autor de Emperors in the Jungle: The Hidden History of the U.S. In Panama (Duke). Está trabajando en un libro sobre el papel de los Estados Unidos en la guerra en Colombia.
Arlene B. Tickner tiene un
doctorado en Estudios Internacionales de la Universidad de Miami y una Maestría en Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Georgetown. Es profesora de Relaciones Internacionales en el Departamento de Ciencia Política de la Universidad de los Andes, Bogotá, Colombia, donde ha trabajado desde 1991. Escribe una columna semanal en el periódico nacional de Colombia, El Espectador.

(Nota del editor: La aparición de EEUU Departamento de Defensa (DoD) de la información visual no implica ni constituye una aprobación del Departamento de Defensa)

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