Naya Adelante: Enfrentando la explotación y defendiendo las tradiciones ancestrales en el Río Naya

Naya Adelante: Enfrentando la explotación y defendiendo las tradiciones ancestrales en el Río Naya

Escrito por Sandra Amolo, acompañante internacional de FOR Presente por la Paz. For the English version, click here.

En el litoral pacífico, la lucha por la posesión de tierra dio recientemente un giro positivo. Después de 16 años pidiendo el derecho a la titulación colectiva, las 64 comunidades afrocolombianas de la cuenca del Río Naya recibieron 177.817 hectáreas de tierra. Este evento histórico ha sido un paso importante para el reconocimiento del rol desempeñado por lxs afrocolombianxs en “la preservación, conservación y promoción de la regeneración de la vegetación protectiva, y en el trabajo de preservación de ecosistemas particularmente frágiles como son los manglares y los bosques húmedos.

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La titulación de estas tierras legitimó aún más la centenaria tradición afrocolombiana de resistencia que dio origen a comunidades cimarronas independientes. Mejor conocido como palenques, estas comunidades han persistido en la recuperación de la cultura y las tradiciones a través de la conservación de la tierra.

FOR Presente por la Paz acompañó a la Comisión Intereclesial de Justicia y Paz así que a la Red de Comunidades Construyendo Paz en los Territorios (CONPAZ) en la ceremonia de titulación del Río Naya. Viajamos desde el Espacio Humanitario Puente Nayero en Buenaventura, en medio de afrocolombianxs desplazadxs por el conflicto armado desde regiones ricas en recursos naturales y biodiversas como el Río Naya.

Desde Buenaventura hasta López de Micay, visitantes vinieron a llenar el pequeño pueblo de pescadores de Puerto Merizalde con la música y baile del currulao, olores del viche, bebida tradicional a base de caña fermentada, e historias que atraviesan y juntan las generaciones. Durante tres días, los miembros de las comunidades del Río Naya celebraron el paso importante que dieron resistiendo a la violencia y al desplazamiento. Para muchxs de lxs presentes, esos días representaron la autodeterminación que les va a permitir conservar su cultura, tradición e historia afrocolombiana en la cuenca del Río Naya.

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Dicha cuenca se ubica entre los departamentos del Valle del Cauca y del Cauca, cercada al este por los montes de San Vicente y Naya, y al oeste por el Oceano Pacífico. Africanxs fueron traídos ahí en el siglo 18 para trabajar forzosamente en las minas de oro y platino. Después de la abolición de la esclavitud en 1851, las comunidades negras se asentaron en las orillas de la cuenca pacífica. Esas comunidades crearon unidades políticas y económicas autónomas, dado que el Estado ignoró su existencia de manera implícita.

En los años 1980, la política colombiana de apertura económica llevó a la explotación de muchas regiones ricas en recursos naturales, lejos de los alcances y de la protección del Estado, como la región Pacífica. La entrada de empresas multinacionales en esos territorios redujo el acceso a recursos ya limitados para las comunidades asentadas ahí.

Comunidades negras e indígenas afectadas por el incremento de la explotación se unieron a través del reconocimiento de su opresión histórica de los colonos y actores armados. Afrocolombianxs de la región empezaron a presionar el gobierno nacional para el reconocimiento de su identidad colectiva. Esos esfuerzos desembocaron en la adopción de la Ley 70 de 1993 que inauguró el proceso de reconocimiento de lxs afrocolombianxs como grupo étnico gozando de derechos colectivos sobre la tierra.

Tal reconocimiento se volvió trágicamente importante para el Río Naya a raíz de la masacre de 2001 perpetrada por paramilitares, que dejó 100 muertxs, uno de los casos de desplazamiento más violentos de Colombia. Numerosxs habitantes huyeron para encontrar refugio en ciudades como Buenaventura. El Consejo comunitario de las 64 comunidades de la cuenca Pacífica luchó en ese entonces para pedir la titulación colectiva de las tierras, símbolo de la defensa de los derechos humanos, económicos y culturales de esas comunidades.

Durante este proceso, la Universidad del Cauca demandó el pedido del Consejo comunitario, presentándose como el propietario histórico de esas tierras. Sin embargo, el Instituto Colombiano de Desarrollo Rural (INCODER) finalmente aceptó en 2015 el reclamo del Consejo comunitario, argumentando que la Universidad no pudo evidenciar que estaba efectivamente usando los territorios en disputa.

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La lucha por los derechos a la tierra en el Río Naya subraya los intereses geo-económicos que los actores armados e individuos poderosos tienen, usando la violencia como una herramienta para conseguir ganancias y control.

La tierra ha estado en el centro del conflicto colombiano por más de 50 años. Durante ese periodo, millones de afrocolombianxs, indígenas y campesinxs han sido violentamente despojadxs de sus tierras para servir los intereses del narcotráfico, lavado de dinero y extractivismo.

Para lxs más de 6 millones de desplazadxs colombianxs, el proceso de retorno a sus tierras captadas por actores armados se diluye en la burocracia. Un estudio reciente de la Fundación Forjando Futuros demuestra que en los cinco años desde la adopción de la Ley de Víctimas, un proceso legal que incluye la restitución de tierras para las víctimas de desplazamiento forzado en el marco del conflicto armado colombiano, sólo el 3.4% de las víctimas han recibido un juicio a favor de la restitución de tierras.

Muchxs reclamantes se enfrentan a amenazas constantes, al apoyo limitado del gobierno para los títulos colectivos y a una política de micro-focalización que restringe la amplitud geográfica del proceso.

A pesar de tener acceso a títulos colectivos desde Buenaventura hasta la cuenca Pacífica, lxs Afrocolombianxs son una de las poblaciones desplazadxs más grandes en el mundo. Los desplazadxs al puerto de Buenaventura se enfrentan a la perdida de conexión con sus territorios y los hostigamientos de las llamadas “bandas criminales” que unxs residentes de Buenaventura reconocen como grupos paramilitares que buscan controlar los puertos para el tráfico de drogas.

En plena celebración, la asamblea también llamó a la resistencia, en esta gran iglesia del Río Naya. Muchxs de lxs líderes con lxs cuales hablamos ya estaban organizándose: una joven se acercó a las organizaciones internacionales y nacionales presentes para promover iniciativas de involucramiento de las mujeres en los procesos de toma de decisión; miembros del Consejo comunitario hablaron en contra de la invasión de las industrias extractivas; jóvenes discutían sobre cómo mantener las prácticas ancestrales.

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Quedan muchos desafíos adelante para las comunidades de la cuenca del Río Naya, pero la titulación colectiva se convierte en una herramienta para enfrentar esos retos. En lugar de ser un medio para generar violencia, estas tierras significan una base de vida que rechaza la violación sistémica de los derechos afroColombianos. Estas tierras significan poder económico, herencia cultural y participación política para muchos miembros de las comunidades del Río Naya.

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