Neoparamilitares – ¿qué más de nuevo sobre ellos?

Neoparamilitares – ¿qué más de nuevo sobre ellos?

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Escrito por Thomas Power, acompañante internacional de FOR Presente por la Paz.

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Grafiti de Autodefensas Gaitanistas de Colombia (AGC) sobre la valla con los principios de la Comunidad de Paz, abril de 2016.

Actualmente vivo en la vereda La Unión como acompañante y observador internacional en la Comunidad de Paz de San José de Apartadó, ubicada en la región montañosa del Noroeste de Colombia.

Normalmente mis mañanas consisten en hacerme un café mientras leo las noticias y saludo a lxs campesinxs en su camino hacia el trabajo. Sin embargo el día 6 de septiembre, se sentía una tensa preocupación detrás de los “buenos días”, ya que la comunidad se había enterado que neoparamilitares armados habían entrado a la vereda colindante. Los neoparamilitares estaban amenazando a lxs habitantes, incluyendo miembros de la Comunidad de Paz. Decidieron entonces organizar a voluntarixs para ir a verificar la situación y mostrar presencia.

San José de Apartadó, ubicado en medio de la región de Urabá, cuenta con una historia traumatica vinculada con la presencia paramilitar. Las ahora desmovilizadas Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) cometieron una serie de masacres en contra de la Comunidad de Paz, incluyendo la masacre de La Unión en 2000 y la de Mulatos y La Resbalosa en 2005. Antes de esas masacres, ese grupo armado ilegal desplazó a la población de todas las veredas de San José de Apartadó en 1996, lo impulsó la creación de la Comunidad de Paz.

Un miembro de la comunidad me contó sobre su experiencia con los paramilitares en un puesto ilegal de control en la entrada y salida de San José de Apartadó al principio de los 2000. Se recordó cómo hombres enmascarados detuvieron el chivero e hicieron bajar a todo el mundo para formar filas. “ Ellos caminaban entre nosotrxs, mirándonos así”, me contó, haciendo su mejor mirada paramilitar. Sembrar miedo era una herramienta muy poderosa de las AUC.

Las AUC entraron a Urabá, una región estratégica para el narcotráfico, a finales de los 90 para disputar el control ejercido por las FARC. Durante este tiempo, establecieron vínculos y recibieron financiamiento de los empresarios de la zona, incluyendo latifundistas ganaderos y la transnacional estadounidense Chiquita Brands (anteriormente United Fruit Company). Los vínculos paramilitares con transnacionales estadounidenses no se limitan a la región de Urabá, sino que hubo casos conocidos de empresas contratando a paramilitares en toda Colombia, incluyendo Drummond y Coca- Cola.

No fueron sólo empresas de los Estados Unidos quienes fomentaron el crecimiento de las AUC. Una serie de políticas del gobierno federal de los Estados Unidos hacia Colombia contribuyó a debilitar el Estado colombiano, especialmente la rama ejecutiva, durante la presidencia de Ernesto Samper, entre 1994 y 1998. Eso abrió el espacio para el crecimiento de grupos armados ilegales en ambos lados del espectro político, incluyendo las AUC por el lado de la extrema derecha. En el marco del aumento de la violencia política en Colombia, los Estados Unidos anunciaron el “Plan Colombia”, vendido al Congreso de los Estados Unidos como un programa anti-narcótico.

Desde 2000, los Estados Unidos han contribuido con casi 10 billones de US dólares a la ayuda para Colombia, de los cuales aproximadamente 7 billones fueron destinados para la ayuda militar. El gobierno estadounidense y colombiano han declarado que ha sido un éxito incontestable; varias ONGs y académicxs quedan escépticxs. Mientras la seguridad ha mejorado en ciertas partes del país, “en general los problemas estructurales del conflicto armado no han sido resueltos.”

La desmovilización de las AUC empezó en 2005 . Sin embargo, el proceso ha sido arruinado por la manera lenta y laxista en la cual se hizo: hubo pocas condenas por violaciones de derechos humanos y el pago de reparaciones a las víctimas fue un fracaso. Los principales autores de las masacres antes mencionadas en Mulatos y La Resbalosa en 2005 no han sido juzgados. Peor, en 2009, los diferentes actores armados se adaptaron a la estrategia militar y los grupos de extrema derecha sucesores de las AUC empezaron a aparecer, grupos conocidos como “bandas criminales” o “neoparamilitares”. Esos grupos participan activamente en el narcotráfico y otros sectores de la economía ilegal, y se encuentran desde la Costa caribeña, el Golfo de Urabá hasta la Costa Pacífica alrededor de Buenaventura y más allá.

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Grafiti de AGC en la Comunidad de Paz, Abril de 2016.

El grupo neoparamilitar más prominente, las Autodefensas Gaitanistas de Colombia (AGC), están presentes en todo San José de Apartadó y siguen aumentando su fuerza. Con la anticipada salida de las FARC del área, las AGC se han movido para consolidar el control militar, económico y social de la región, forzando a lxs habitantes a encontrarse con ellos en los meses de septiembre y octubre de 2016. Han pedido a la población civil de colaborar con ellos y les comentaron que “vinieron para quedarse”.

Yo vi a las AGC en dos ocasiones durante este periodo, el 6 de septiembre durante un acompañamiento a una vereda colindante y otra vez el 11 de octubre. Camufladas, enmascaradas y portando AK47, las AGC constituyeron una presencia intimidante, pero eso no impidió la Comunidad de Paz de denunciar frente a ellas la indignación de 30 años de masacres, amenazas y zozobra causadas por paramilitares y neoparamilitares. Hoy, la Comunidad de Paz tiene una fuerte tradición de memoria histórica, transformando noches de terror en un espíritu de comunidad, lo que les ayudó a quedarse en su territorio y mantener su identidad como campesinxs. Mi tiempo en La Unión como acompañante será corto en comparación, pero ellxs nunca van a dejar su lucha por usar sus tierras como ellxs lo quieren.

Desmantelar esos grupos ha sido un tema importante en las negociaciones de paz con las FARC, iniciadas en 2012. El punto 3.4 del acuerdo aborda las estrategias para combatir el fenómeno de los grupos sucesores al paramilitarismo y preve la creación de una Unidad Especial de Investigación de la Fiscalía y un cuerpo elite de la policía. Hasta una interpretación del acuerdo implica que esos grupos podrían entrar en el mecanismo de justicia transicional, creado por los acuerdos de paz.

El neoparamilitarismo es considerado como la amenaza más grande para una paz duradera en Colombia. Eso debería ser una preocupación para la comunidad internacional que ha brindado mucho apoyo al proceso de paz. Los Estados Unidos, por ejemplo, han mandado su Enviado Especial para acompañar el proceso en La Habana y han anunciado un paquete de ayuda de 450 millones de dólares para “Paz Colombia”, como seguimiento al “Plan Colombia”.

Un análisis inicial de WOLA muestra una continuidad en el alto nivel de la ayuda militar en este nuevo plan, incluyendo 143 millones de dólares para la policía en operaciones anti-narcóticos, 43 millones en pura ayuda militar y 38,5 millones para el “financiamiento militar extranjero”. En un país entrando en el “post-conflicto”, por qué tanta ayuda dirigida a las fuerzas militares? Los Estados Unidos están interesados en una paz para todxs lxs Colombianxs o están asegurando cierto tipo de seguridad para la inversión de empresas estadounidenses?

Uno podría preguntar lo mismo a las autoridades colombianas. A pesar del aumento de movimientos de “neoparamilitares” (lxs campesinxs simplemente los llaman paracos, sin diferenciar entre paramilitares y sus grupos sucesores), la Alcaldía de Apartadó y la Gobernación de Antioquia se han pronunciado públicamente diciendo que no hay pruebas de la existencia de las AGC en San José de Apartadó. Fuerzas de seguridad, incluyendo la Brigada 17, fueron su fuente de información.

Las fuerzas de seguridad fueron muy cautelosas en su lenguaje en sus informes, diciendo que no fueron capaces de detectar los movimientos de las AGC en sus misiones de verificación. Mientras no negaban la existencia de esos grupos, consideraron que las cifras proporcionadas por las mismas AGC de 200 hombres presentes en la zona, eran probablemente exageradas.

Neoparamilitares, paramilitares, bandas criminales, paracos – llámanles como quieren, ese fenómeno constituye una amenaza grave para la población de San José de Apartadó y otrxs defensorxs de derechos humanos en todo el país. Frente a esa amenaza, la Comunidad de Paz seguirá defendiendo sus principios y contribuirá a construir una paz duradera en Colombia.

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