COMUNICADO OFICIAL, VISITA DE ACOMPAÑAMIENTO AL CASO DEL OBJETOR DE CONCIENCIA JEFFERSON SHAYANNE ACOSTA ORTÍZ

Notes from the Peace Community: FORista Writes Home After Leaving Urabá

by FORPP Accompanier Gale Stafford

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October 20th, 2014

Dear Friends,

I’m back, I swear I haven’t dropped off the face of the earth! (Or even permanently left Colombia!). It’s a busy time, but considering that I found a drafted email to you all from July that I felt was late then, I figure now is about as good a time as any to update you as to how things have been going (since May… almost six months ago…).

So May and June together almost marked the end of my time in the Peace Community. In the end of June, I had an unfortunate pair of incidents of theft of my bag (read: every important document, camera, and notebook, plus a couple other sacred objects – I’m physically fine, just irritated and a little shallower, wallet-wise) plus bug bites serious enough to need to get treated and healed a bit, and so got sucked to the big city of Bogotá for a couple of weeks to get everything in order. From there I had a brief return to the rural Community area, followed by a wonderful visit from my dear friend Heather, another brief stint in the Community, and zipped back to Bogotá. Since then it’s been a bit of a whirlwind, and I just haven’t gotten to scribble down my latest thoughts.

UNTIL NOW!

So because it is absolutely, utterly impossible for me to even summarize everything that has gone on in the last six months (sideways lookinatchu, stolen journal…), I’m going to take the remainder of this email recounting about the end of my time in the Community, and will tell more about things afterwards, and life in Bogotá, starting next time. So below, in no particular order, are notes in homage to and reflection on the nine months of my life in the village of La Unión, part of the Peace Community of San José de Apartadó. And after re-reading it, I’m realizing it’s a little epic again. Oops. It has been six months, so there’s that… Anyway.
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Apuntes de la Comunidad de Paz: FORista escribe a casa después de salir de Urabá

por Gale Stafford, acompañante de FORPP

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El 20 de octubre, 2014

Queridxs amigxs,

Ya volví, y ¡les prometo que no me he caído del superficie de la tierra! (¡Ni salido permanentemente de Colombia!) Es un tiempo ocupado, pero considerando que encontré un ensayo a todxs ustedes del julio que me sentía estaba ya atrasado ahí, creo que ya es hora tan buena como cualquier otra a actualizarles de cómo me han pasado las cosas (desde mayo… hace casi seis meses…).

Entonces mayo y junio juntos casi marcaron los finales de mi tiempo en la Comunidad de Paz. A finales de junio, tuve un par de indicentes desafortunados del robo de mi bolso (lean: cada documento importante, cámara, y cuaderno, más unos otros objetos sagrados – estoy bien físicamente, solo irritada y un poco menos profunda, de manera billetera) más unas picaduras tan graves que necesitaban tratamiento y un poco de curación, y entonces me mandaron hasta la gran ciudad de Bogotá por unas semanas para arreglar todo. De ahí tenía una vuelta breve al área rural de la Comunidad, seguida por una visita maravillosa de mi amiga querida Heather, otro tiempito en la Comunidad, y me fui de una de regreso a Bogotá. Desde ahí ha sido un poco torbellino, y solo que no he podido garabatear mis pensamientos más recientes.

¡HASTA AHORA!
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Una cuestión de reconocimiento

por Alejandro Parra de ACOOC

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Mariopremio

Mario (tercero de la derecha) con las otras personas premiadas en 2014 por el Centro Muhammad Ali

El sábado 27 de septiembre en la ciudad estadounidense de Louisville Kentucky, Mario Andrés Hurtado Cardozo, objetor de conciencia colombiano de 22 años, recibió el Premio a la Convicción otorgado por el Muhammad Ali Center. Este galardón se entrega a jóvenes menores de 30 años que se han destacado por su trabajo en defensa de la justicia social y los derechos humanos en diversos países del mundo.

Mario fue seleccionado entre numerosas nominaciones provenientes de Latinoamérica, debido principalmente a su decisión de rehusarse a ser entrenado para la guerra y trabajar por los derechos de jóvenes de sectores populares, los cuales son el principal objetivo de reclutamiento de todos los grupos armados en Colombia, incluyendo las fuerzas militares que son en el ejército que más jóvenes vinculan a la guerra en el país bajo la figura del servicio militar obligatorio.

Mario se rehusó a prestar el servicio militar; a cambio optó por trabajar desde el Hip Hop con Jóvenes de Soacha, el municipio de Colombia que más recibe población desplazada por la violencia; también acompañó las denuncias de madres que perdieron a sus hijos como consecuencia de los falsos positivos, que han dejado en el país 4200 víctimas de las cuales solo el 14% han sido reconocidas como tal y reparadas por el Estado[1]. Luego de su trabajo en Soacha, Mario se vinculó a la Acción Colectiva de Objetores y Objetoras de Conciencia, en donde actualmente trabaja como asesor jurídi

Tormentas en La Unión, Comunidad de Paz

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De repente, la vida en La Unión, parte de la Comunidad de Paz, puede convertirse en turbulenta. Las cosas han estado muy tranquilo recientemente, entonces la mayoría de los disturbios vienen en la forma de una manada de caballos quienes han organizado sus propias carreras corriendo por la casa, o intentando a ubicar el helicóptero encima pero encontrando solamente un colibrí o dos bien ruidosos. Pero a veces los disturbios cambian en huracanes y son un poco menos maravillosos.

El miércoles pasado y hasta el jueves golpeó una tormenta enorme en La Unión. La lluvia caía en cortinas en los techos de zinc y creaba un enrejado de quebradas miniaturas entre todas las casas. Los vendavales arrancaron por el caserío, sacando cosas y tumbándolas, mientras que los relámpagos golpearon por lo menos dos secadoras. La Unión ya sigue sin luz por más que 13 días.

El mismo miércoles, una tormenta de otra variedad llegó cuando los primeros diecisiete soldados de la Brigada Móvil 24 pasaron por La Unión. Ni unos minutos después, más llegaron a través, y más. En total, sobre 50 pasaron por el caserío.

La Comunidad de Paz se fundó hace más que diecisiete años por principios específicamente removiendo a los miembros de la Comunidad del conflicto. Incluye no provenir ningún apoyo logístico a ningún actor armado ni tenerlos dentro de espacios comunitarios, no tener ni apoyar armas de ningún tipo y decir “no”a la injusticia y la impunidad. En el medio de una de las zonas más calientes, más combativos de Colombia, la Comunidad se unió y declaró que los miembros eran afuera, y respetuosamente pidieron que desde allí, los actores de cualquier grupo armado eviten el área. Se consedó medidas primero cautelares, y entonces provisionales de la Corte Interamericana que las protegen y validan este estándar. La última vez que demoraban unas fuerzas militares en frente de las casas de La Unión fue hace sobre seis años.

Esta vez los soldados pasaron justamente como otro hurracán. Cuando representantes de la Comunidad y acompañantes de FOR, quienes también viven en La Unión, fueron para hablar con unos de ellos, sus líderes hablaron en tonos respetuosos mientras reconocer que aunque habían visto las vallas de la Comunidad antes (que marcan la tierra y listan los principios de la Comunidad), eligieron de todos modos caminar por allí. Dijeron que estaban esperando apoyo de uno de sus soldados, quien estaba enfermo, y que lo habían dejado en el otro lado del caserío. No importa que esta era todavía la tierra que trabaja la Comunidad, y que no eran permitidos estar allí incluso antes de que se enfermaba. Cuando uno de los grupos más pequeños paró para descansar cerca de la malla, pero todavía dentro, y de nuevo les hablaron, unos soldados se disculparon por estar en la Comunidad. Otros se negaron de disculparse y declararon, “¡Este es Colombia!”y “Lo que pasa al enfermo es responsabilidad de ustedes.” Cuando otro soldado empezó a cruzar, después de la mayoría de su tropa había ido, y se acercaron aún más miembros de la Comunidad, postuló, “Bueno, los otros pasaron por aquí, entonces yo, también,” y así hizo.

La Comunidad de Paz significa justo eso – un espacio por la no guerra. Según la teoría de la Comunidad, donde hay un grupo de actores armados, incluso militares, seguro que siguen los otros grupos armados. Para evitar el conflicto, la Comunidad ha escogido evitar los actores armados totalmente, y en vez de eso convivir y trabajar juntos, para crear la paz que ven por este mundo. Y después de diecisiete años de declararse así y vivir sus principios, todavía hay violaciones de sus esperanzas y sus derechos.

COMUNICADO OFICIAL, VISITA DE ACOMPAÑAMIENTO AL CASO DEL OBJETOR DE CONCIENCIA JEFFERSON SHAYANNE ACOSTA ORTÍZ

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Una vez más se verifica que no existen garantías para ejercer el derecho a objetar en el ejército.

 

El pasado viernes 11 de julio, a las 2:30 pm, dos integrantes de la Acción Colectiva de Objetores de Conciencia y dos acompañantes internacionales de FOR (Peace Presence), nos reunimos con el Coronel Zambrano, el Teniente Alarcón y el Mayor Medina, todos integrantes del Batallón Reveíz Pizarro ubicado en Saravena Arauca.

Los objetivos de la reunión eran 1. Verificar la situación y las condiciones en las que está ejerciendo su derecho fundamental Jefferson Shayanne 2. Notificar a los responsables del batallón, sobre el acompañamiento que se le viene dando 3. Notificar a los responsables del batallón sobre las recomendaciones nacionales e internacionales para el ejercicio del derecho que deben respetar 4. Realizar la entrega del material de intendencia que le fue asignado a Jefferson Shayanne, toda vez que en su calidad de objetor de conciencia, no puede ser forzado a portar uniforme o portar un arma.

Con relación a estos objetivos a partir de nuestra visita podemos concluir que:

Las condiciones en las que está ejerciendo su derecho Jefferson Shayanne, son claramente adversas a su situación como objetor y no generan ninguna garantía para su derecho. En primer lugar, desde que Jefferson manifestó su condición de objetor e hizo pública su declaratoria, su derecho ha sido coaccionado y Jefferson ha sido cuestionado en virtud de sus razones constantemente. Aún en presencia de nosotros, el Coronel Zambrano inquirió a Jefferson preguntándole que haría si “el enemigo” atacara el batallón justo en ese momento; “Yo me escondo” fue la respuesta de Jefferson, afirmación que desconcertó a los militares presentes, mientras nosotros les recordábamos precisamente con base en dicha afirmación, que Jefferson en estos momentos no es un soldado, sino un objetor de conciencia, que está siendo retenido contra su voluntad en una instalación militar.

Dentro de la coacción al derecho, también verificamos que el trato que se le ha dado a Jefferson ha sido el de un soldado, omitiendo las constantes interlocuciones en las que Jefferson ha buscado dejar clara su negativa a estar en el batallón por ser objetor de conciencia. En palabras del Coronel Zambrano, “Jefferson es soldado desde el momento mismo que lo inscribieron en el registro como tal y no puede ser tratado de otra forma”.

Una vez fueron verificadas las condiciones adversas que no permiten la garantía del derecho, los militares presentes, fueron notificados de nuestro acompañamiento y de las recomendaciones nacionales e internacionales que existen para la protección del derecho, sin embargo, pese a la notificación, el Coronel Zambrano dejó claro que ellos solo respetarán dichas recomendaciones hasta cuando les llegue una orden certificando que Jefferson es objetor de conciencia y que por lo tanto debe ser desacuartelado.

Dentro de las recomendaciones internacionales, una de las más importantes es que el objetor de conciencia no puede ser obligado a portar y manipular armas o intendencia de tipo militar, cuestión que en este caso no se ha respetado, pues cuando Jefferson ha intentado entregar el fusil, la respuesta que recibe es que ellos no pueden recibírselo y que en caso de que él lo dejara por ahí, el arma podría perderse y el tendría que asumir las graves implicaciones que eso acarrearía. Por esta razón, propusimos hacer un acta de entrega del fusil y el uniforme, que firmaríamos como testigos un representante de ACOOC y una representante de FOR, pero el Coronel Zambrano y los militares presentes, se negaron a acoger dicha opción, argumentando que “hasta no recibir una certificación de Jefferson como objetor de conciencia, seguirá siendo tratado como un soldado, por eso debe conservar el arma, la intendencia y el uniforme”.

Por último, la postura de los militares presentes en la reunión, fue la de no darle ningún trato de objetor a Jefferson hasta que no llegue un documento oficial que lo certifique como tal, a su juicio las razones alegadas por Jefferson no lo hacen inmediatamente objetor, ya que las creencias religiosas y humanitarias que el manifiesta, según ellos también están presentes en otros integrantes del batallón, además, en palabras del Teniente William Ovaldo Romo, en una conversación que sostuvo con Jefferson le dijo: “Uno puede matar una persona, luego va a la iglesia, reza y pide perdón, y no pasó nada… la religión no es excusa para no prestar el servicio militar”.

Como ACOOC, a partir de este comunicado, queremos dejar clara nuestra preocupación por las condiciones bajo las cuales Jefferson está haciendo su ejercicio del derecho fundamental a objetar. Consideramos que la presión que recibe constantemente Jefferson (que se manifiesta en hechos como pararlo un día a las 3am, obligarlo a que se ponga el uniforme, sentarlo solo a él en un salón y explicarle porque debería desistir de su convicción, basándose en todas las ventajas que tiene ser un soldado) no le permite ejercer plenamente su derecho.

También consideramos que los efectivos que hablaron con nosotros, omiten todas las recomendaciones internacionales, al declarar que solo hasta cuando haya una “certificación oficial” le darán a Jefferson un trato de objetor de conciencia. La ausencia de una certificación o documento similar no es excusa para violar un derecho fundamental, ninguna de las otras formas de objeción de conciencia reconocidas en la constitución depende de un documento para ser respetada, es evidente el desconocimiento de la norma por parte de los militares y en consecuencia, la ausencia total de garantías para ejercer el derecho dentro de las instalaciones militares.

Instamos entonces, a las organizaciones de Derechos Humanos, a los medios de comunicación, y a las redes y plataformas sociales organizadas, a manifestar su apoyo a este joven, que decidió rehusarse a hacer parte de un espiral de violencia, en uno de los batallones más cuestionados del país.